Publicación Acción

Es necesario expresar libremente el pensamiento político para el fortalecimiento de nuestro sistema democratico, republicano y representativo.



domingo, 30 de agosto de 2026

“LA METAMOFROSIS SALVADOREÑA”, RECORDANDO A FRANZ KAFKA

 


Por     

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓNACCION

 

“La Metamorfosis”, de Franz Kafka, es una crítica profunda a una sociedad que mide el valor y la dignidad de las personas, únicamente, por su valor económico, productividad, y su utilidad dentro de la sociedad.

 

Desde hace más de veinte años, los economistas consideraban que las remesas, producto de la emigración, era la mayor ventaja que tenia El Salvador, por lo que una economía dolarizada, debía ser el reflejo de dicha realidad. Aunque la emigración ilegal, siempre fue combatida, las acciones del Gobierno, tendían a hacia lo contrario: mayor lucha política, restricciones mercantiles, destrucción del agro, y considerando que la industrialización seria muy costosa, pero una sociedad de servicios, basada en las remesas, sería lo mas fácil y conveniente.

 

El salvadoreño en el país, era visto como una potencial mano de obra para la maquila, pero sin descentralizar las zonas francas o favorecer su distribución para lograr un desarrollo social óptimo, el resultado fue una mayor emigración, legal e ilegal. Nuestra clase media profesional, ha emigrado de forma legal y, el obrero especializado, también lo ha hecho, ilegalmente. La escases de mano de obra especializada ha llegado al extremo de utilizar en el campo mano de obra extranjera (hondureña y nicaragüense) o en la construcción (guatemalteca).

 

El salvadoreño ha pasado de ser una persona apreciada en el extranjero, a ser objeto de persecución y deportación. En 2025 fueron deportados 16,051 salvadoreños y hoy en 2026, ya llevamos 10,504 deportados, según datos de Migración.

 

Aquí, se permitió que crecieran las pandillas y que más de medio millón de personas vivieran de lo que producían los pandilleros: se suprimieron los valores cívicos y la socialización, o sea, la introducción del ser humano al sistema de convivencia social; primero el familiar y luego, dentro de la sociedad. Las causas de este fenómeno son varias, pero una consecuencia de la emigración, fue la desintegración familiar, producto de la separación generacional, así que hoy en ves de tratarlos como seres humanos, son encerrados y le adquieren un nuevo valor para el Estado: mano de obra. Sin que haya mucha diferencia con otros centros de explotación humana. (Un ensayo sobre la razón de las pandillas, es “La Norma a la Luz de la Fisiología Humana”, del autor de este artículo, que puede ser consultado libremente).

 

El Gobierno, en vez de procesar al delincuente en base al debido proceso, se ha regularizado un sistema “sine iure” que niega la calidad de ser humano al no reconocérsele el debido proceso y sus garantías constitucionales, pero que tienen un valor añadido para el Estado; el de la obligación de sus familiares de alimentar a su pariente prisionero, creando mayor presión social y elevando el umbral de pobreza extrema.

 

El salvadoreño que aún esta por sobre el umbral de pobreza, ya no es útil para alimentar el sistema económico, pues ha perdido su capacidad de adquirir vivienda propia o de generar más allá del nivel de subsistencia, y son capitales extranjeros, los que vienen a invertir en inmuebles salvadoreós, esperando revalorizar las propiedades o “gentrificación”.

 

El concepto de gentrificación, tiene cuatro elementos: 1) Capital privado, de naturaleza extranjera, que renueva la zona deteriorada, 2) Transformación, que crea nuevas construcciones o adecua el inmueble para otros usos, 3) Revalorización, incrementado el precio de la tierra y los alquileres, y 4) Desplazamiento social: los residentes originales ya no pueden pagan los nuevos precios y son desplazados.

 

Toda persona que ha sido desplazada de su zona, por proyectos de gentrificación, ahora son parias sociales y los vemos siendo perseguidos en el centro de San Salvador y en los municipios en que se ha aplicado este concepto. La densidad poblacional en El Salvador es de 308 habitantes por km2 y la gentrificación aumenta exponencialmente este número en zonas aledañas a las zonas gentrificadas, en la cual el número decrece.

 

En todos los casos aquí citados, el salvadoreño ha perdido su valor e importancia como persona útil, y se ha vuelto indeseable, como lo es un insecto. Así nos ve el Gobierno; el salvadoreño es útil mientras produce para el Estado y si no, es un insecto, por ello, el Gobierno insiste en cobrar impuestos hasta por los aguacates que vende una persona en la puerta de su casa o a quien pone una cosina de barril en la calle, para vender pupusas al obrero, en su viaje a su trabajo.

 

En vez de elevar el nivel de vida en general, promoviendo la inversión extranjera y que llegue la riqueza a todos, según sus capacidades productivas, se centra en la tecnología que no domina el común de las personas. Busca presionar al mas pobre y aleja al inversionista legítimo.

 

Por estas razones es necesario un cambio, en que el salvadoreño recupere su tierra: El Salvador y la libertad para decidir; si no hay un cambio en la dirección nacional, el salvadoreño, seguirá siendo tratado por el extranjero y el Gobierno, como un insecto, que hay que desechar y, sólo mientras aún sea útil, será tratado como un animal doméstico, esperando su fin, que sólo vive mientras den leche y huevos, pues el Régimen de Excepción le ha quitado sus derechos y por último, su dignidad.

sábado, 22 de agosto de 2026

¿CÓMO LUCHAR POLÍTICAMENTE EN UNA DICTADURA?

 


Por     

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓNACCION

 

Cuando un sistema político, rechaza determinadas ideas, sin importar la razón de las mismas, se recurre a la violencia, por esta razón, todos los manuales de lucha fuera del sistema democrático, implican violencia, como ejemplo cito: “La Guerra de Guerrillas”, “Manual del Guerrillero Urbano”, “Guerra de Guerrillas”, “Documentos y escritos del FSLN”, “Escritos Tácticos del ERP y Montoneros”. ¿Pero es que, si se cierran los espacios democráticos, inexorablemente tenemos que recurrir a la violencia, para enfrentar un régimen autoritario o “democradura? Creo que no, el camino fácil es la violencia, existen otros métodos, más efectivos, pero hay que entender la estructura y esencia del poder, y es sobre lo que debemos reflexionar.

 

La lucha violenta, puede dar resultados desestabilizadores rápidos, pero con tres riesgos: 1) Un resultado incierto, 2) Efectos secundarios inesperados, como la destrucción de la economía y la inestabilidad nacional y, 3) La intervención extranjera, para el sostenimiento de intereses geopolíticos y con ello, pérdida de la soberanía.

 

Otra opción es la lucha pacífica, que se realiza desde dentro del sistema político ya dañado; sus acciones, son de largo plazo y mueve la conciencia nacional hacia un objetivo común.

 

Débese considerar, que el poder de la dictadura, depende de la obediencia social, o sea del conglomerado de sus habitantes, pero si el ciudadano, adquiere la conciencia de su naturaleza soberna y que las disposiciones de la dictadura les son lesivas, deja de acatarlas; entonces la dictadura pierde fuerza, pues queda aislado de su influencia, esto se debe a que el poder (visto desde la sociología y psicología) no es monolítico, sino se ejerce en múltiples ramas.

 

En El Salvador, ya tenemos muchos ejemplos, que se han dado espontáneamente: los medios digitales que se han exiliado, junto con sus periodistas, siguen señalando los efectos y las acciones de la dictadura desde el extranjero, como si estuvieren en el territorio nacional. Los vendedores desalojados del Centro Histórico, siguen llegando una y otra vez, en una forma de resistencia, aprendiendo a huir de la policía, o se resisten a regularizarse como quiere la alcaldía y el Ministerio de Hacienda, y ponen sus ventas en la periferia del Centro Histórico, pero sólo permanecen unas horas y luego se retiran, para burlar a los enviados del Gobierno.

 

Las organizaciones de Derechos Humanos que defienden a los presos del Régimen de Excepción, ya se encuentran en la clandestinidad, encubriendo las fuentes de sus financiamientos, para que la Ley de Agentes Extranjeros no pueda ser usada para impedir su funcionamiento. Cuando uno de sus abogados es preso o se tiene que exiliar, hay otro que lo substituye y el que ya no puede ejercer la defensa técnica en El Salvador, se vuelve un activista en el extranjero, para conseguir recursos para su organización.

 

Los catalizadores de esta lucha, deben de ser los partidos políticos opositores, presionando mediante las campañas de sus candidatos, para la desobediencia de las ordenes ilegítimas manadas del ejercicio del poder dictatorial, por carecen éstas de legitimidad. El partido político, al recibir votos en favor de sus candidatos, es la prueba objetiva del malestar social y aunque exista la manipulación del voto, envía el mensaje, que el gobierno nacido del autoritarismo es “ilegítimo” y por lo tanto, sus relaciones internacionales pueden cuestionarse y quedar aislado.

 

La resistencia individual, erosiona al régimen, pero no crea liderazgo. Pero la campaña política partidaria, si puede crear liderazgos sólidos, aunque el régimen cometa fraude electoral. El mayor enemigo de un régimen autoritario, es el liderazgo opositor, porque deja al descubierto su autoritarismo y obliga a que la “democradura”, se despoje de la pátina de democracia, con que se escuda, pues siempre dice: “la institucionalidad me sostiene”, cuando esta no puede operar, porque sus funciones están inoperativas. Ejemplo de ello, es la derogatoria tácita de la Constitución, por la formalidad de modificar los artículos pétreos que la regían, dándole su calidad de “permanente”. Hoy la constitución puede ser modificada fácilmente y hasta con dispensa de trámite al gusto de los diputados oficialistas.

 

Es recomendable leer las obras del filósofo estadunidense Gen Sharp, que muestras forma de lucha no violenta, pero hay que adaptarlas a nuestra realidad, todo para mantener la estabilidad nacional y reestablecer el Estado de Derecho.

 

Sólo el Derecho puede garantizar el desarrollo nacional y asegurar que todo salvadoreño pueda permanecer en el país y, sustentar sus necesidades y las de sus hijos. La dictadura sólo asegura que el ciudadano, pierda sus derechos y, que tenga que emigrar. Una revolución violenta, solo asegura la destrucción y colapso, haciendo que el ciudadano, pierda la posibilidad de encontrar sustento y cobijo, en su patria.