Por
Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra
Editor de PUBLICACIÓNACCION
El fin del conflicto en Irán, no se vislumbra claramente a
un corto plazo, pues, aunque los medios occidentales, anuncian la posibilidad
que Irán, acepte las condiciones impuestas por Estados Unidos, los medios
independientes Indios, Noruegos, Chinos e iraníes, dan a conocer las mismas
tres demandas fundamentales planteadas por Irán, a Estados Unidos, desde el inicio del conflicto: derecho al
enriquecimiento de uranio, control del Estrecho de Ormuz (cobro de peaje), alto
al fuego, incluyendo en el Líbano y, devolución de 12 mil millones de dólares,
retenidos desde las primeras sanciones efectivas impuestas a Irán, a partir de
1979, llegando hasta la presente fecha, a acumularse 24,000 millones de
dólares, sumando los réditos de lo retenido; dicha devolución, es exigida para
iniciar negociaciones de paz.
Aceptar las condiciones iraníes, aunque sea de manera
encubierta, equivaldría a la aceptación tácita de una derrota para Estados
Unidos e Israel y, éste último, dejaría de ser el principal enclave geopolítico
de Estados Unidos en el Oriente Medio. Su otro enclave: los países que bordean
el Golfo Pérsico (Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita),
pasarían a la influencia de Irán, y con ello, a la de China y Rusia. Un alto al
fuego en estas condiciones, llevaría inevitablemente al establecimiento del
Estado Palestino, al abandono de los Altos de Golan y a la desocupación del
Líbano.
El control de la zona del Medio Oriente, por parte de
Estados Unidos, garantiza el sistema del petrodólar, que nació en 1974, a partir
de los acuerdos entre Estados Unidos y Arabia Saudita, tras el fin del patrón
oro en 1971. Estados Unidos garantizó protección militar y armamento a Arabia
Saudita, a cambio, los saudíes se comprometieron a fijar el precio de su
petróleo exclusivamente en dólares y a invertir sus ganancias, en bonos del
Tesoro estadounidense. Este pacto consolidó al dólar como la principal moneda
de reserva mundial, y otorgó a la economía estadounidense, un enorme poder
geopolítico, base de su poder “blando” y ser la base de su poder militar, pues
ésta podría contar con un presupuesto ilimitado y sostener la industria
tecnológica militar que, al vender dichas armas, crear una razón de defensa
común entre el proveedor y el proveído.
Una pérdida de influencia, implica que el petróleo del
Golfo Persico, sea tazado en yuanes y el peso de la negociación del petróleo,
beneficiaria a China, encareciendo la abultada deuda externa de Estados Unidos,
que dejaría de ser, por excelencia, la reserva mundial de riqueza. Este
conflicto es existencial para la hegemonía norteamericana, aunque no se acepte públicamente
así, y de igual manera, es existencial para Irán, por lo que la utilización de
sus fuerzas proxi (Fuerzas de Ansar Alá, Hezbolá y Hamás), son evidentes.
De continuar el conflicto en el Golfo Pérsico, dependiendo
de su duración, podrían plantearse dos escenarios posibles: el mejor, es que
sólo se dé una recesión en Estados Unidos, por la desaceleración de la
economía, provocada por un ajuste de la oferta y la demanda, ante la carencia
de bienes, producto del cierre del Estrecho de Ormuz. La estrangulación del
comercio por el Golfo Pérsico, crea efectos mayores, a los evidentes de la mera
falta de crudo en el sistema económico mundial, sino de otros productos
relacionados: Ejemplo, desabastecimiento mundial del 30% de fertilizantes, que ponen riesgo la
producción mundial de alimentos o el 33.2% de helio producido por Qatar y, que
es esencial en la industria de los semiconductores, que es la base del mundo tecnológico
moderno.
El petróleo debe considerarse como la sangre que recorre
nuestras venas; y, su disminución en el mercado, como una herida que pierde
sangre, pero no se presenta el “shok hipovolémico”, hasta que el volumen
sanguíneo es tan bajo que las funciones cardio respiratorias cesan, aunque haya
aún sangre en el sistema, o sea que un colapso puede darse antes de agotarse
las reservas mundiales de petróleo. El cierre del Estrecho de Ormuz, está
consumiendo las reservas mundiales de petróleo, pero si baja a niveles críticos,
varias industrias recortan su producción, y se entra en el colapso sistémico,
que puede llevar en el mejor caso, a una recesión y en el peor, al colapso
mundial del sistema económico.
Ya las aerolíneas están limitando sus vuelos y al agotarse
el helio, la producción de microchips, tendrá que detenerse o se afectará la
próxima cosecha, por la carestía y escases del fertilizante. El 20% del costo
de una vivienda media moderna, son derivados del petróleo, y en su construcción,
se emplean en promedio de un 80% a un 82% de componentes derivados del petróleo
(pegamentos, acabados, tuberías, protecciones de componentes eléctricos,
transporte, etc.). El mundo está utilizando actualmente sus reservas de petróleo,
enmascarando el riesgo derivado del desabastecimiento de petróleo. La crisis
consecuente, se hará sentir principalmente en Hispanoamérica, África y Asia del
sur (los países más pobres). Un alza de los precios, servirá para extender el
tiempo en el que se presentará un colapso general, a menos que se presentará el
fenómeno del acaparamiento, afectando a los países, de diferente manera, pero
sin dejar de golpearlos.
Algunos analistas especulan que la fecha en que puede
iniciar este colapso sistémico, es a partir del 4 de julio, por la disminución
de las reservas de petróleo y el entendimiento de los peligros que esto
conlleva; esto se verá en las consideraciones de riesgo en los mercados. Aún hoy
los mercados, mantienen la creencia que habrá una pronta solución al conflicto
en el Estrecho de Ormuz y que se dará un alza gradual de precios, hasta que se logre
una normalización.
La percepción del riesgo, puede apreciarse viendo los bonos
del Tesoro de los Estados Unidos a 30 años plazo, que han experimentado un
incremento marcado desde el 2 de agosto de 2021, en que tenían un rendimiento
de 1.4%, reflejando la máxima confianza en el dólar, subiendo hasta un 5.11% el
20 de mayo de 2026, día de mayor incertidumbre. La expectativa de un acuerdo
con Irán, lo redujo a 4.99%, el 1 de junio. Seria de esperar un mayor aumento
si no se llega a un acuerdo en los próximos días y se revierta la venta masiva
de bonos de Arabia Saudita, Japón, China y Corea del Sur.
Los efectos de esta crisis, se refleja en el comportamiento
en el crédito en las tarjetas de crédito en Estados Unidos, donde la mora ya alcanzó
su máximo legal, el 13% y en la utilización del crédito para alimentación y demás
gastos básicos, o sea que el norteamericano común ya alcanzó su límite
financiero y comenzara a prescindir de muchos servicios que son realizados por
los migrantes.
El riesgo global por el conflicto en Medio Oriente, si
logra solucionarse a corto plazo, puede trasladarse a Hispanoamérica, si
Estados Unidos, cumple su amenaza sobre Cuba, pues el Departamento de Estado,
considera que el régimen cubano, luego de sesenta y cinco años, ha alcanzado un
nivel de desgaste que podría llevarlo a un cambio de régimen o el colapso,
mediante mayores presiones económicas. Pero debemos de considerar que Cuba, no
sobrevive por sus propios medios, sino por su posición geopolítica contraria a
la hegemonía norteamericana y, mientras esta exista, cualquier opositor a dicha
hegemonía, apoyará a Cuba.
El colapso de la Unión Soviética, llevo a Cuba al Período
Especial, indicando analistas norteamericanos que podría caer el régimen, pues el PIB se
contrajo un 36%, habiendo escases de alimentos (disminución diaria del 27% en
la ingesta de calorías, durante tres años) y el colapso del transporte público,
llevaría a la paralización nacional y luego a la insurrección; pero pese a ello,
logró sobrevivir, gracias a ciertas reformas económicas que le permitieron la
captación de dólares y otras monedas y, la ayuda de Venezuela, México y otros
países donde la izquierda global, consideró que la supervivencia de Cuba, era
parte existencial para el sostenimiento del izquierdismo en el Sur Global
(Pacto de Sao Pablo) y el régimen castrista ha subsistido, aún a pesar del
fallecimiento de Fidel Castro el 2016 y la renuncia de Raúl Castro a la
presidencia del Partido Comunista Cubano, el 2021.
Del 3 al 6 de junio, se desarrollará el Foro Económico
Internacional de San Petersburgo, en Rusia y el invitado de honor es el Reino
de Arabia Saudita y los 130 países asistentes, debatirán sobre la
multipolaridad y la fortaleza del Sur Global y los países BRICS, frente a Occidente.
La asistencia de Arabia Saudita, implica un cambio en la geopolítica del Medio
Oriente y el debilitamiento de Estados Unidos, como potencia hegemónica. En una
versión anterior, el vicepresidente Félix Ullóa, propuso la desdolarización de
El Salvador y la adopción de una moneda global, sostenida por los BRICS (esa
función está siendo asumida por el yuan de China continental), lo cual es
relevante hoy, para las conclusiones finales del artículo.
Si se amenaza a Cuba, seguramente, las mismas fuerzas
geopolíticas que hoy apoyan a Irán, servirán de anclaje al régimen cubano. Un
mayor bloqueo a Cuba, implicaría una mayor presión norteamericana también a
México y, los intereses iraníes, rusos y chinos, ejercerían presión sobre
Honduras, El Salvador, Nicaragua y posiblemente sobre Argentina para contrarrestar
la presión estadounidense a Cuba.
Para entender esto basta con seguir de cerca los 37 audios
de mensajería (Wasap, Telegram y Signal), atribuidos al expresidente y convicto
en Estados Unidos, Juan Orlando Hernández en lo llamado: “Hondurasgate”. En El
Salvador hay que ver la concesión de los puertos a empresas turcas, que
encubren capital iraní y las inversiones de ciudadanos chinos, en tierras y
proyectos financieros, sin tomar en cuenta la relación que éstos tienen con el
Partido Comunista Chino y su poder “blando” en los países en desarrollo. El
parlamento nicaragüense autoriza: “la entrada al país de tropas, naves y
aviones de las Fuerzas Armadas de Rusia y de la República Popular China entre
el 1 de julio y el 31 de diciembre de 2026, así como de Cuba, Estados Unidos,
México y Venezuela, «con fines de intercambio y asistencia humanitaria»”, debe
de considerarse que la mayor representación diplomática rusa en Nicaragua, es
la mayor del área.
Lo que suceda en Estados Unidos, va a repercutir en El
Salvador, por lo que una recesión, como primer impacto, traerá un desequilibrio
en la balanza de pagos de El Salvador, luego, una disminución de nuestras
exportaciones, que son principalmente, hacia Estados Unidos, que son bienes no
esenciales: maquila de ropa y, nuestras otras exportaciones relevantes: café y azúcar,
son bienes “sustitutivos” (por sacarosa de maíz o té y raíz de achicoria.).
Los riesgos para El Salvador son cuatro: económico, de
gobernanza, religioso y geopolítico. El riesgo económico ya se siente en los
hogares salvadoreños, con un amento en sus gastos de un 10% en lo que va del
año, pero no es la principal amenaza, pues lo son la inestabilidad de las otras
variables, las que deterioraran aún más la condición precaria de los más pobres,
e impedirá que los grandes capitales inyecten recursos a nuestra economía, para
una rentabilidad sostenible.
Las variables económicas que nos perjudican en la situación
actual son: un endeudamiento de 34,000 millones de dólares que equivale al 90%
del PIB, de los cales 15,224 millones son deuda pública externa, 11,476
millones corresponden a deuda de pensiones, $ 7,431 millones es deuda interna. El
75% de la actual deuda ha crecido desde el 2019, al realizar nuevos préstamos
sin cancelar los anteriores, que se tienen que refinanciar a un costo mayor.
Por esa situación, las recomendaciones del FMI en febrero
de 2025, fueron de reducir gasto público y ser eficiente en la recaudación tributaria,
para lograr un ajuste fiscal de un 3.5% en 40 meses, por lo que al aceptar el
acuerdo se le autorizaron $ 1,400 millones en financiamiento. El Gobierno lo ha
interpretado como justificación para despidos y disminución del gasto en
educación y salud pública, y disminución en la subsidiariedad del Estado, pero ha
aumentado el gasto de Casa Presidencial y de los Ministerios de Defensa y
Seguridad Pública. Por esta razón la deuda pública constituye lo más frágil y
riesgoso de la economía salvadoreña.
La gobernanza es el proceso de toma de decisiones de
políticas públicas basadas en la interrelación entre el Gobierno, el mercado
(oferta y demanda) y la sociedad, para lograr un orden y acomodo social fluido,
que de satisfacción al ciudadano. Las políticas públicas actuales no guardan
relación con el mercado, ni con las necesidades sociales, sino que son dictadas
por la conveniencia de los negocios privados, que en su mayoría están
relacionados con el oficialismo; construcción luego del fraccionamiento y
cambio de vocación de los inmuebles y, centrándose en la industria de
servicios, la habitacional para inversión, la que ya llegó a su saturación, no
por falta de demanda, sino por la nula capacidad de compra del mercado nacional.
Una gobernanza democrática serviría de válvula de presión, pues daría esperanza
de solución a los problemas sociales en El Salvador.
Las políticas administrativas de supresión de alcaldías y
los cambios en las circunscripciones electorales, alejan la relación del Estado
para con el individuo, haciéndola más impersonal, por medio de funcionarios que
carecen de la “potestad administrativa” o poder jurídico unilateral, para sólo realizar
una función de recepción de documentos, para tramitarlas ante una autoridad
central. El centralismo administrativo fija su atención, en los grupos poblacionales
más grandes y, desatiende los más pequeños, aumentando el descontento y la
indiferencia hacia la cosa pública, por “entres en la vida democrática”.
El individuo al no sentirse cerca de los funcionarios
locales, ante una crisis, pierde interés en el sistema social en el que está
inmerso y puede buscar la emigración, como medio de escape, y las otras salidas,
son la insurrección o el ingreso a sociedades delictivas, que impongan orden y
estructuración dentro del caos social.
La subsidiariedad desde el particular o desde el
extranjero, a partir de la Ley de Agentes extranjeros, acelera el camino al
caos social, aunque el Gobierno, pretenda utilizarlo para la promoción del Islam,
como medio de control religioso de la familia Bukele.
La participación partidaria en el proceso electoral,
garantiza el no abuso desde posiciones dominantes o desde el oficialismo, pero
la tendencia actual de la Asamblea Legislativa, es que los partidos políticos
no sean parte verificadora del proceso, lo que pasa ese control al Estado,
quien lo ejercerá desde una posición de poder favorable al oficialismo. La despartidización
junto a las nuevas reformas territoriales, sólo fomentará la no participación
ciudadana en la cosa pública y por ende, habrá perdida formal de legitimidad en
el Gobierno, acercándonos mas a una crisis social.
Nota: Informo que este día he sido notificado de la
aceptación de mi candidatura a elecciones internas en el partido ALIANZA
REPUBLICANA NACIONALISTA, para poder competir como candidato a Diputado propietario
por el Departamento de Santa Ana. Creo que el sistema republicano es el único
que garantiza el desarrollo del individuo como ciudadano pleno dentro de la República
y aunque se vive en El Salvador, un período en el que se debate la vida
efectiva de la democracia y con ello la República, solo con la participación
dentro del sistema se tiene la legitimidad de la lucha política, por ello, con
mi formula parlamentaria creemos que aunque el panorama político, económico y
geopolítico pueda ser sombrío, hay esperanza si se defiende el sistema
democrático y con ello, la República. La paz y prosperidad, debe de ser el
resultado de la integración nacional por medio de la familia y la relación que
ésta tiene con el municipio, pues el ser humano no es un ser aislado, sino un
ente social.
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