Publicación Acción

Es necesario expresar libremente el pensamiento político para el fortalecimiento de nuestro sistema democratico, republicano y representativo.



martes, 13 de febrero de 2024

FRAUDE ESTRUCTURAL

 

Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

En las primeras elecciones de 2024, se ha cometido un fraude estructural, que es derivación de la corrupción estructural: explicaremos este fenómeno y, cómo sería posible romper sus efectos, sin afectar las elecciones venideras, pues de no corregirse los errores actuales, éstos se profundizaran en la segunda, perdiendo el próximo Gobierno, la legitimidad.

 

Las elecciones realizadas el 4 de febrero de 2024, tuvieron tales deficiencias, que ha sido imposible, poder determinar, con certeza jurídica, el resultado exacto de la voluntad soberana, según el Art. 83 Cn. Pues la pérdida de actas y la ruptura de la cadena de custodia de las urnas, lo hacen imposible.

 

Esta anomalía, ha sido substituida por ficciones jurídicas, basadas en un elemento, que sí pueda verificarse o contra otro,  que si es verificable: ejemplo, dar por válido un resultado con una sola copia de acta o, no abrir la urna, cuando no hay acta alguna o esta, adolece de falta de firmas.

 

Si vemos cada una de las anomalías, podría darse las nulidades de una urna específica, pero no, de la totalidad de las elecciones, según la normativa vigente en El Salvador, pues no es concebible, por la Ley, un fraude masivo, lo cual implicaría la participación de toda la institucionalidad relacionada con las elecciones. Esta situación, crea el primer elemento del fraude estructural.

 

El segundo elemento es la impunidad: si no funcionan los sistemas de contraloría y equilibrio de poderes, impiden que se pueda castigar y corregir los errores del proceso electoral, generándose impunidad, lo cual demuestra que no se vive en un sistema democrático o republicano. Este es el segundo elemento del fraude estructural.

 

El tercer elemento, es la captación ilegal e inmoral de fondos, pues el sistema impide que la deuda política sea entregada a los partidos políticos, para poder inmovilizar el sistema electoral. Su retención, solo es un medio de control y sometimiento para los partidos políticos, con el fin de manipular el sistema electoral, en favor del oficialismo.

 

En conclusión: no es posible saber con certeza absoluta, el resultado de las elecciones presidenciales y si el escrutinio de la votación para diputados, dará el resultado que verdaderamente votó el ciudadano. El retiro del escrutinio de partidos opositores, por la imposibilidad de realizar la debida verificación del proceso y la carta pública, de descarga de responsabilidad de los Magistrados suplentes del TSE, dejan en claro los puntos arriba expuestos.

 

En consecuencia, es necesario que una entidad investigue lo sucedido y que tome las medidas que la ley determine. Esta función, recae en la Fiscalía General de la República, pero al haber sido esta, parte esencial dentro de este proceso, su participación, omitiendo sus responsabilidades. la inhibe, por ello, sólo la actual Asamblea Legislativa, puede constituir dicha comisión, y las entidades internacionales ya invitadas para la verificación del proceso electoral, deben ser parte de este proceso.

 

 

 

Esta situación, hace trascender las elecciones del 4 de febrero, de un plano estrictamente jurídico a otro, de naturaleza política, pues ha sido alterado el orden jurídico en sus principios básicos: dar certeza de un orden, para la generación de la confianza pública, la cual al final, dará la legitimidad del Gobierno, en su actuar pasado y el futuro.

 

Hoy la certeza, es que se desconocen los verdaderos resultados electorales y se han resumido las votaciones a la proclamación de un Presidente. A esto hay que considerar que el TSE, ha declarado que hubo un 47.3% de abstención, lo cual no es posible saber, sin un escrutinio exhaustivo y verificable. Si restamos el voto en el extranjero, la votación nacional sería inferior al 50%.

martes, 6 de febrero de 2024

CAOS ELECTORAL GENERALIZADO

 

Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

Un proceso electoral que, para favorecer al oficialismo, inició con un caos controlado, ha degenerado en un caos incontrolado y, en la medida que el Tribunal Supremo Electoral, pretende controlar, se convierte en un caos mayor, hasta el punto en que puede considerarse la nulidad de las elecciones del 4 de febrero y, vislumbrar la imposibilidad de realizar las del 3 de marzo, por la destrucción  de la estructura electoral, por el caos actual.

 

Los cambios en el personal técnico, ordenado por el TSE, el día previo a las elecciones y la exclusión del personal opositor, de sus posiciones en mesa y como vigilante, causó que personas sin preparación, motivación ni experiencia, sirvieran en el proceso electoral, razón por la cual, el conteo en mesa, se realizó con dificultad. El cansancio y el agotamiento hizo que muchos abandonaran las mesas, aún sin terminar las actas o, transmitir por errores en el sistema. Si agregamos que muchas urnas con papeletas, fueron encontradas en poder de afiliados a Nuevas Ideas, sin el resguardo del TSE, nulifican las elecciones del 4 de febrero.

 

Las actas de las JRV, no están en manos de los partidos políticos, por la exclusión de su personal, en beneficio del oficialismo y si el TSE, exige que el partido político las presente para acreditar el pago a sus vigilantes, será imposible cumplir con dicha obligación que destruye la estructura de la defensa del voto, de los partidos opositores y es una burla del TSE, para con la estructura partidaria. La orden de realizar las actas a mano, se dio luego de la orden de no poder imprimir las actas y solo serian válidas si estas estaban impresas en el papel especial del TSE, que no estaba en poder de las JRV, por lo que muchas JRV, entendieron que bastaba la transmisión de datos. Las actas partidarias dan la seguridad del contenido de las urnas y si estas ya no están en poder del TSE, es imposible saber la veracidad de la elección.

 

Las cupulas partidarias opositoras, deben dar su opinión, en forma categórica: avalan este proceso electoral o, sostienen que las irregularidades han sobrepasado el promedio lógico, para poder determinar la imposibilidad de conocer la voluntad soberana del electorado y pedir, la nulidad de las elecciones del 4 de febrero.

 

Las elecciones del 4 de febrero dejaron en claro, la inutilidad, por dolo o negligencia del TSE de garantizar las elecciones libres y con ello, arrastró la capacidad partidaria de participar en dicho proceso, pues los vicios actuales del TSE, arrastrarán la organización de las elecciones del 3 de marzo.

 

Si a 48 horas de iniciado el proceso electoral, el TSE no sabe cómo ni donde realizará el escrutinio de las JRV, pues no tiene la totalidad de las urnas, que no están todas en su poder, ¿cómo podrá garantizar un proceso electoral? y es posible que se monten dos procesos electorales, sin un escrutinio del primero.

 

La única solución posible, es que las elecciones del 4 de marzo, sean repetidas, condicionando la participación partidaria, a la entrega de la deuda política, ya generada, sin condiciones y, la suspensión de las elecciones del 3 de marzo, hasta que sean realizadas las elecciones de presidente y diputados de forma legal y creíble, asegurando la libertad de expresión, mediante la suspensión del régimen de excepción durante dicho periodo electoral. De lo contrario, tendremos un mayor caos electoral, del que ya tenemos ahora.

 

Las elecciones son un proceso ciudadano, que se realiza mediante la participación del partido y en la que el Gobierno, sólo pone su estructura y facilita la participación ciudadana, no es un ente que pueda interferir en e proceso eleccionario, pues es el ejercicio del Art, 83 de la Constitución.