Publicación Acción

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martes, 30 de mayo de 2023

¿JUEGOS DE GUERRA?

 

Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

Rusia inicia la guerra contra Ucrania, en febrero 2022; un mes después, en marzo, Nayíb Bukele, anuncia “la guerra contra las pandillas”, desarrollándola de manera continua, bajo un Régimen de Excepción y hoy, cuando se anuncia una “nueva ofensiva” contra las pandillas, coincide con que Ucrania, anuncia su “contraofensiva” contra Rusia, para recuperar el territorio ocupado. Es similitud, que se basa en el sensacionalismo y el populismo, del presente Gobierno salvadoreño.

 

El alza de homicidios, en marzo de 2022, coincidió con el rompimiento del pacto entre el Gobierno y las pandillas: pacto ilegal, entre el Gobierno y los mareros, a quienes se reconoció como fuerza política, en vez de combatirlos como grupo terrorista, declarados así, ya por la Sala de lo Constitucional.

 

Tal situación, iniciada y concretada por los dos primeros Gobiernos de izquierda (el de Mauricio Funes, y el de Salvador Sánchez Cerén), según ya ha sido probado judicialmente, en el proceso contra el General David Munguía Payés, pacto retomado por el tercer Gobierno de izquierda, el de Nayíb Bukele: con un enfoque diferente, pues no se fundamenta en una concepción ideológica, sino en el populismo mediático: ocultar las acciones de las pandillas, simulando  dominio sobre ellas, y dándoles diferentes beneficios económicos y. permitiéndoles, utilizaran su control territorial, para el paso de droga y tráfico humano lo cual, de alguna manera, el Gobierno fue obligado a interrumpir momentáneamente, por presión internacional.

 

Las cifras exactas de detenidos, procesos realizados y, las consecuencias del Régimen de Excepción, así como el estado actual, de las pandillas, se mantiene en absoluto secreto, por lo que sólo es posible calcular estas cifras, por fuentes externas, dedicadas a la defensa de los Derechos Humanos. CRISTOSAL, ha documentado 138 muertes, dentro de los penales y 68,000 detenidos, entre los cuales, hay un mínimo de 20,000 personas bajo arresto, sin antecedentes penales ni relaciones con las pandillas, según la inteligencia policial.

 

Estas acciones, violatorias de los Derechos Humanos, no garantizan la seguridad de la población, pues los pandilleros, afines al Gobierno y sus estructuras, aún persisten en libertad, desarrollando actos criminales. Prueba de ello, ha sido el alto número de desaparecidos y, las diferentes maniobras realizadas por el Gobierno, para evitar las extradiciones de pandilleros. Siendo juzgados, sólo cuando son capturados, fuera del territorio nacional.

 

El efecto conjunto, de estas dos circunstancias, causa zozobra generalizada, pues están juntos el terror de las pandillas y el terror causado por el Estado. Que amenaza para cada disposición gubernamental, con “la aplicación del Régimen”, siendo ya, frase coloquial, de todo funcionario, cuando amenaza con la coacción.

 

La consecuencia de estas circunstancias, que hará inevitablemente, intervenga la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el proceso llegará, hasta la Corte Penal Internacional, en base a los tratados firmados por El Salvador, en épocas anteriores.

 

Las preguntas deben ser: ¿Están conscientes los funcionarios actuales, de que en el futuro serán juzgados? ¿Saben que, en el mejor de los casos, tendrán el país por cárcel? ¿Saben que, por regla general, en este tipo de procesos, se señala a la Fuerza Armada y a la policía, como los principales violadores de los Derechos Humanos? ¿Saben que los delitos relacionados a Derechos Humanos, no prescriben o no son sujetos de negociación política?

 

Todos los salvadoreños queremos un estado de paz y respeto a la ley, para tener orden y prosperidad. Las diferencias ideológicas deben ser dirimidas democráticamente y, sobre todo, ser parte de un bloque geopolítico de comercio globalizado, respeto a la autodeterminación y, de principios democráticos occidentales. Todo esto, sólo se puede lograr con el respeto al Estado de Derecho, que establece nuestra Constitución.

domingo, 28 de mayo de 2023

REFLEXIONES PARA UN EXTRANJERO

 

Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

El nombramiento, aquí en El Salvador, del colombiano Dr. Andrés Guzmán Caballero, Comisionado Presidencial de Derechos Humanos y Libertad de Expresión, induce a tres reflexiones: 1) Legalidad del ejercicio de su cargo, 2) Evolución de extranjeros: de asesores a funcionarios, con rango de Ministro, 3) Naturaleza de los Derechos Humanos.

 

El nombramiento de Comisionado Presidencial, depende del Presidente; su mandato está comprendido en el Artículo 150 de la Constitución, como “delegado”, por lo que el Comisionado Presidencial recién nombrado, es parte del Órgano Ejecutivo y, para ejercer dicho cargo, debe cumplir en consecuencia, el Artículo 72 de la Constitución, que señala: es un derecho ciudadano, ejercer un cargo político, como es el de ser parte del Órgano Ejecutivo: un extranjero, no puede juramentar dicho cargo.

 

En la práctica, tal nombramiento debió de ser observado en primera instancia, por la Dirección de Migración y Extranjería y luego, por el Fiscal General, sin embargo, al constituir una sola estructura de poder, tal circunstancia corresponde advertirla a cualquier ciudadano, que se anime a contradecir al régimen de fuerza que existe en el país, que se apoya en el Régimen de Excepción, para el ejercicio de su mandato.

 

En entrevista vertida por del Dr. Guzmán Caballero a Caracol Radio (Colombia) reconoce que ha realizado diferentes trabajos previos, para el Presidente Bukele, lo cual confirma lo ya observado con muchos otros asesores extranjeros de Casa Presidencial, que son principalmente, de origen Venezolano. El nombramiento del Dr. Guzmán Caballero, muestra una evolución hacia la formalización o “legalización de los mismos”, en el Gobierno actual, lo cual riñe con nuestra Constitución.

 

Los Derechos Humanos, en El Salvador, se derivan de dos circunstancias:  filosófica una, y la otra, del Derecho positivo vigente:  nuestra Constitución. Ha sido principio occidental, considerar que el ser humano, desciende de Dios y por lo tanto, posee una condición superior, a la que el hombre, puede conceder a otro ser humano, haciéndolo portador de Derechos Superiores y anteriores a cualquier ordenamiento humano, lo que debe de entenderse como el Derecho a la vida, a la integridad física, al honor y al pleno disfrute, posesión y disposición de sus bienes, ejerciendo plena libertad de expresión con sus semejantes, para crear opinión política y, manifestar su individualidad, frente al colectivo social.

 

El Dr. Guzmán Caballero, al reconocer que, en El Salvador, se vive una guerra de mas de treinta años, y que las muertes deben de ser aceptadas, es una negación a los Acuerdos de Paz de 1992 y a los principios que deben regir la guerra y que el Estado de El Salvador, ha reconocido, por medio de diferentes Tratados internacionales. Así mismo, no hace diferencia entre los conceptos de guerra y aplicación de la fuerza, para la Seguridad Pública.

 

En la Exposición de Motivos y en los Artículos 1 y 2, de nuestra Constitución, se reconocen expresamente, los Derechos Humanos, desarrollándose sus principios de forma tautológica, tanto en su parte dogmática como en la parte orgánica.

 

Un debate que debe hoy, entrar en la palestra política, es el Derecho ciudadano de gobernar, que se les confiere a extranjeros, por el solo hecho de apoyar al régimen. También debe de entrar a debate, si los Derechos Humanos, están al arbitrio del gobernante o si estos, son por naturaleza propios del ser humano y si la Constitución, sigue siendo “el acomodo pacífico, entre las libertades individuales y el poder del Estado”. Un debate ya dirimido, en la lucha entre liberales y conservadores, durante los siglos XVIII y XIX, quedando en nuestro país, zanjado, con la Constitución de 1886 hasta la actual, de 1983.