Publicación Acción

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martes, 6 de octubre de 2020

CAOS CONTROLADO

 


Por      

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

El caos que vive actualmente El Salvador, y que puede acentuarse en los días subsiguientes; es desestabilización perfectamente controlada, para probar la inoperancia del actual sistema político, económico y social  y, justificar el forzar, a un cambio constitucional, que opere una transformación en la estructura del país, iniciada ya, por la deliberación de los medios coactivos del Estado y, la manipulación de las finanzas estatales, que ha provocado una inercia social, que sólo augura, por el colapso económico nacional, una mayor emigración.

 

Los troles de Bukele, anuncian: “De aquí en adelante Decretos resoluciones y acciones anti pueblo… deben de ser pasadas por “el arco del triunfo”. Este juego ya comenzó, no tiene pueblo, policía ni Fuerza Armada”. Lo cual, prueba el control sobre el caos que vive el país, dirigido desde Casa Presidencial, convirtiendo a Nuevas Ideas, en su instrumento electoral.

 

El último pilar de las instituciones del Estado, es la coercibilidad, nacida del imperio de la ley, generando la coacción. Pero si la coacción es deliberante y no obediente, asume las atribuciones de las otras instituciones del Estado, que establecen y dirigen la vida social. Por ello, no deben ser permitidas las deliberaciones en los actos del servicio. Los hechos del 9F y la desobediencia ordenada por Bukele, en el Caso El Mozote, prueban la deliberación de la Fuerza Armada, ejecutada por sus mandos, actos que recaen en la institución entera.

 

Al valorar, el Director de la Policía, si es justificable, la no comparecencia del Ministro de Hacienda a la Asamblea Legislativa o, si la presión que ejercen los sindicalistas a la Alcaldía de San Salvador, es justa, asume atribuciones propias del Ministerio Público y del Órgano Judicial, volviendo deliberante, a la Policía Nacional Civil.

 

Con este quiebre en la institucionalidad nacional, el Ejecutivo pretende extorsionar a las Alcaldías, Órgano Judicial y a la Asamblea Legislativa, reteniéndoles los fondos asignados en el Presupuesto General de la Nación. En el presente y, según datos del Banco Central de Reserva, el Ejecutivo cuenta con poco más de 1500 millones, depositados en el BCR y en la banca nacional (sólo en agosto, ingresaron mediante deuda pública, más de 800 millones a las arcas del Estado).

 

Situación que genera un caos controlado, que va alimentándose sólo, pues las protestas de las Alcaldías, afectan la vida cotidiana por los servicios que proveen. El fin de este caos controlado, es justificar un cambio constitucional, que no sabemos lo que nos traerá, sólo podemos especular, en base a expresiones anteriores: en su campaña Bukele dijo: “No existen ni pastores, ni sacerdotes cristianos que valgan la pena y, mucho menos, que vayan a ser tomados en cuenta para la realización de nuestros planes para el futuro de la nueva patria”.

 

Dejó en claro, la intención de cambiar la estructura nacional y, por los vínculos que se han fortalecido con el mundo islámico, en el último año, es muy probable que, el financiamiento futuro de El Salvador, provenga de intereses árabes y sus aliados geopolíticos. Lo cual cambiaría el contexto actual, no sólo en el interior del país, sino en el exterior: se vería agravado, por una repatriación masiva.

 

La falta de respuesta política ante estos acontecimientos, sólo puede ser explicada por el “efecto manada” o “de arrastre”, (inducido por la manipulación de la opinión pública) que es la tendencia a aceptar como válidas, las ideas de la mayoría, sin analizar si son correctas desde el punto de vista lógico. Todo esto es posible, por carecerse de liderazgo claro, basado en la ideología fundada en los principios de libertad, que sustenta el Estado de Derecho.

viernes, 2 de octubre de 2020

LA EMIGRACIÓN

 

LA EMIGRACIÓN

Por      

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCIÓN

 

 

La afirmación: “Sólo una nación cuyo espacio esté acorde con sus necesidades, tanto materiales como espirituales, puede tener esperanza de alcanzar alguna vez una verdadera grandeza”, del geopolítico alemán, Karl Haushofer, dicha en (1934), puede ser aplicada a los salvadoreños, en un contexto diferente al original, pero igual en su significado. El destino del salvadoreño, está en El Salvador; si se busca fuera, es porque por razones políticas, se ha vuelto un territorio hostil, para la realización de la vida moderna.

 

En 1970, según datos estadísticos de la FAO, El Salvador, registro en Latinoamérica el segundo lugar en eficiencia agrícola:  fue la plataforma financiera para nuestra industrialización, iniciada en los años 50 y 60. Todo quedó destruido por las luchas sociales iniciadas desde los años 80, que conllevaron al conflicto armado, que produjo un abandono de la libertad necesaria para el desarrollo nacional y, fue substituido por la creencia de que el asistencialismo (paternalismo estatal) y el control gubernamental, podrían satisfacer las necesidades del salvadoreño.

 

El triunfo del salvadoreño en el exterior, demuestra que, el problema del subdesarrollo, no está en su población, sino que los gobiernos, no dan la libertad necesaria para el pleno desarrollo humano; más bien, lo obstaculizan. Existe tendencia a agudizar esta crisis, con la premisa de que sólo la ayuda estatal (sea en asistencialismo individual o en inversión pública) puede lograr un desarrollo sostenible. Esta creencia, ha profundizado la crisis: se encuentran en el extranjero, con vida plena, cerca de dos millones de salvadoreños.

 

La contribución de los emigrantes al país, es por medio de las remesas que perciben sus familiares y que estimula a éstos, a emigrar, aunque de forma ilegal, pues es lo expedito y a lo que obliga su escasa preparación académica o laboral, reflejo de la deficiente instrucción pública. Es imposible la asimilación de los inmigrantes, en las condiciones actuales, si hay un regreso masivo, pero los países que hoy nos acogen, no tienen responsabilidad en cuanto a deportarlos, si ello alivia un problema social o jurídico en sus Estados.

 

Los reclamos de las diferentes organizaciones de inmigrantes salvadoreños, en Estados Unidos a la nueva embajadora, es reflejo de sus intenciones: que se les legalice su condición en dicho país, no es retornar, pues las condiciones en este país, no son favorables, por el contrario, sólo les espera asistencialismo o pobreza extrema.

 

La responsabilidad de un Estado, por medio de su Gobierno, es crear las condiciones para el desarrollo individual, que es base para el colectivo. La pérdida de la estabilidad social que desembocó en un conflicto armado, destruyó el aparato productivo, pero fueron las decisiones políticas posteriores, la causa de que no haya habido una recuperación política económica y social, luego de los Acuerdos de Paz de 1992.

 

Este deterioro puede ser medido en el déficit fiscal, por quinquenios: 2% (1990-1994), 4% (2010-2014) y 10% (2020), lo cual implica, que el próximo año, estará comprometido el 30% de los ingresos tributarios, para el pago de la deuda y, un aumento de la pobreza extrema a 600,000 ciudadanos. Por lo cual es imposible que el país, genere las condiciones necesarias para un retorno favorable de nuestros ciudadanos.

 

A mayor taza de impuestos, endeudamiento. gasto público y reglamentaciones estatales, habrá menos libertad, mayor corrupción y serán menores las condiciones favorables para la vida en El Salvador.

 

La realidad nacional al presentar condiciones negativas, estimula la emigración, no solo del precarista sino de la clase media y se pierden los estímulos para la inversión extranjera, obligando al aumento de impuestos, lo que agudiza más la crisis.