Publicación Acción

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sábado, 9 de marzo de 2024

EL SALVADOR: SIN ESTABILIDAD POLÍTICA

 

 

Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

La gobernanza, es proceso de Gobierno, ejercido mediante sus instituciones, que deciden y regulan, los asuntos que atañen a la sociedad, buscando soluciones, conformes al consenso nacional, o sea, el Bien Común. La gobernanza finaliza con un proceso normativo y de legitimación, que da origen a una revisión y evaluación posterior del proceso de gobernar. Sin gobernanza, no hay garantía de estabilidad política o desarrollo social, como consecuencia del desarrollo económico.

 

Según el Gobierno, la participación electoral, fue del 30%, pero en realidad fue del 21.85%, de cualquier modo, es insuficiente para asegurar que la participación ciudadana garantice la estabilidad que necesita el país, la cual es base para las inversiones y confiabilidad sobre la previsibilidad del Gobierno, en cuanto a sus políticas públicas.

 

En la elección del 3 de febrero, se dijo que la diáspora salvadoreña, había apoyado en un 97% la reelección de Bukele y, que la votación había sido del 51%, cuando en realidad, si descontamos la votación de la diáspora, la cual fue manifiestamente manipulada y si se miden las discrepancias entre los votos contados por los vigilantes de los partidos políticos, con las actas presentadas por Nuevas Ideas y, validadas por el TSE, resulta que la votación no pudo ser mayor del 30%.

 

Así se explicaría que el fraude estructural tuvo dos objetivos: ganar las elecciones y legitimarlas, para crear una imagen de gobernanza, o sea que las instituciones públicas funcionan conforme a Derecho y son legítimas, porque las políticas públicas, deben ser acatadas voluntaria y obligatoriamente por la población. Esto es esencial para garantizar a los inversionistas extranjeros, sus intereses, pues ninguna inversión se realiza en un país en conflicto o, con un gobierno ilegitimo, sujeto a algún cuestionamiento.

 

El régimen de excepción, se ha vuelto permanente, o sea que los salvadoreños careen de derechos frente al Estado, por lo tanto, sus necesidades, no pueden ser resueltas mediante las acciones institucionales, sino por voluntad exclusiva del gobernante, conforme a sus intereses. Esto genera una insatisfacción social creciente, la cual degenerara en algún momento, en inestabilidad y anarquía.

 

Para agravar la situación, el desaparecimiento de los 262 municipios y la creación de la Dirección de Obras Municipales, ha destruido el municipalismo, quedando la solución de los conflictos locales, a discreción del Gobierno central. El municipalismo era un amortiguador social, que permitía descargar responsabilidades e insatisfacciones en los alcaldes y sus consejos, por lo que sus cambios, servían de alivio social y obligaban a solventar los problemas más visibles del municipio.

 

Al disminuir la participación de los políticos locales, ha disminuido también la participación ciudadana, además del convencimiento de que su participación, no servirá para un cambio en las políticas públicas. Es el inicio de la inestabilidad, por insatisfacción social.

 

Esto obliga al oficialismo, a controlar cualquier atisbo de oposición: ya controla a las gremiales empresariales y sindicatos. Ahora controla a los partidos de falsa oposición, a su antiguo aliado GANA, le ha disminuido poder electoral y por ello, pretende controlar a ARENA, sugiriendo que su dirigencia debe cambiarse, para permitir al partido, girar en apoyo del oficialismo, para construir una oposición “propositiva”, como lo ha dicho Joel Sánchez.

 

Un giro en este sentido, podría ser claramente conveniente al oficialismo, pero legitimaria el régimen de excepción permanente, y legitimaria los asesinatos y la represión desde el Gobernó, legitimaria las expropiaciones, que ya están planificadas y legitimaria el giro geopolítico, hacia la autocracia y los intereses islámicos.

 

La gobernanza asegura la solución de todos los conflictos sociales, con sus necesidades, en respeto a los Derechos Humanos y la propiedad privada.

viernes, 8 de marzo de 2024

LA JUSTICIA TRANSICIONAL Y NUESTRA REALIDAD

 

Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

El abstencionismo electoral es síntoma manifiesto, de la crisis política, creada por el oficialismo: permite considerar, la aplicación de los principios de la Justicia Transicional, como medio de retorno al Estado de Derecho, ejercido por la sociedad civil.

 

La actual aplicación de la Justicia Transicional en El Salvador, en los casos Jesuitas, Mozote, Calabozo, periodistas holandeses, es una deformación de estos principios, pues significa una retroactividad a los tratados que hemos firmado y, a la naturaleza de nuestro conflicto, originado en la Guerra Fría, como una “guerra proxi” (guerra librada por otros, diferentes a los antagonistas principales): significó una acción de legítima defensa de nuestro Estado. La Justicia Transicional, no puede romper el principio del debido proceso, pues la justicia, se fundamenta en el proceso, el cual debe de ser justo, o sea, imparcial y permitiendo sin pasión política, la presentación y análisis de prueba, con rigurosidad científica.

 

La amnistía, significó el perdón y prescripción, en base al principio del interés público, sobre el individual. Su derogatoria, trajo el conflicto al presente, en benéfico del interés particular.

 

El abstencionismo electoral, inició con el régimen de excepción, que impide el ejercicio de los Derechos Políticos y el oficialismo, al realizar un fraude estructural, se convierte en un opresor del ciudadano, que no se expresa, por temor a la represión, y esto se prueba, al analizar que sólo 1 de cada 10 personas acudieron a las urnas, a participar en el sistema electoral. Los otros 9 no dieron su voto, por considerar que el proceso era corrupto y no valia la pena participar, pues ya las decisiones soberanas, habían sido tomadas.

 

En marzo de 2010, el Secretario General de las Naciones Unidas, publicó su "Nota orientativa sobre el enfoque de las Naciones Unidas a la justicia de transición". Se hace un llamamiento a los Estados, para que "se esfuercen por garantizar que los procesos y mecanismos de la justicia transicional, tomen en consideración, las causas profundas de un conflicto o un gobierno represivo y combatan las violaciones que se cometan de todos los derechos, incluidos los derechos económicos, sociales y culturales".  Se subraya, que ese enfoque es necesario para que haya paz, en base al Estado de Derecho.

 

Para obtener la paz, el actual gobierno, reprime todos los derechos y, basa su gobernanza en la coerción y la fuerza, lo cual, no permite el desarrollo económico, ni trata los distintos males sociales, desde su raíz, para solucionarlos, desde la aplicación del principio del Bien Común, decidido libre y soberanamente.

 

El objetivo de la Justicia Transicional, es evitar que las consecuencias del autoritarismo, lleven al alineamiento con un bloque geopolítico, que ve en la fuerza, la solución a sus necesidades.

 

El oficialismo ha consumido a todos sus enemigos y luego, a sus aliados políticos más cercanos. Ya consumió a su partido de origen, el FMLN, luego a su aliado GANA. En este proceso, va también cambiando de aliados internacionales, alejándose del bloque de países democráticos y acercándose, a los autoritarios, ofreciendo el único patrimonio del país: su posición geográfica.

 

La Justicia Transicional, pretende evitar las consecuencias que llevarán el camino que sigue el oficialismo: exclusión y represión social, en beneficio del Estado y de los allegados al Gobierno.

 

Por ahora, la Justicia Transicional, sólo sirve como venganza, dentro de una concepción ideológica, contra los militares que sirvieron según el mandato constitucional de la época, en acciones de una “Guerra proxi” y hoy, es una amenaza a la oficialidad en servicio, para que sirva incondicionalmente al Gobierno, aunque esto implique, el rompimiento constitucional y la alteración del Bien Común.