Publicación Acción

Es necesario expresar libremente el pensamiento político para el fortalecimiento de nuestro sistema democratico, republicano y representativo.



sábado, 6 de julio de 2024

PRINCIPIOS TRIBUTARIOS

 

PRINCIPIOS TRIBUTARIOS

Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION

 

Las bases de la tributación son: equidad, igualdad, certeza y economía, desarrollándose en un sistema económico saludable y, en crecimiento. La tributación es base del Derecho Público: es la relación soberana del Estado, con el individuo que sostiene al Estado, que es ente superior rector, cuya finalidad es servir a la persona humana. Esta relación, no se cumple hoy, en El Salvador: porque actualmente, la relación entre el Gobierno y el individuo, es como de soberano y vasallo, creándose un sistema feudal de tributación, que no tiene relación con la concepción moderna del tributo, cuyas bases son los procesos democráticos, transparencia y eficiencia.

 

Si bien el Órgano Ejecutivo, no ha presentado a la Asamblea Legislativa, un alza a la tarifa tributaria, las municipalidades, que son parte del Ejecutivo, están aplicando tarifas no aplicadas anteriormente, ya sea porque son Derecho Positivo no Vigente (derogadas tácitamente, inaplicables por alguna inconstitucionalidad o, que conllevan una doble tributación). Esta aplicación de tributos, implica la deconstrucción de la Ley y un alza tributaria, en una economía en crisis.

 

La economía salvadoreña, sólo equilibra su balanza de pagos por las remesas. Los gastos del Gobierno, no están equilibrados, pues se complementan con préstamos. Los gastos del Estado, están apalancados (financiados por la suspensión de pagos a proveedores). El Gobierno, necesita maniobras financieras para tomar de fondos privados (fondos de pensiones o de depósitos de largo plazo). Todas estas condiciones, no permiten una economía sana (el resultado de la iniciativa privada que crea el ahorro, la inversión y puestos laborales).

 

La economía sana, es la que asegura que exista una capacidad tributaria óptima, basada en una economía sostenible y que no sea confiscatoria. Existiendo una economía sana, es necesario que la tasación tributaria, siga el proceso democrático, o sea que exista la debida proporcionalidad, de acuerdo con la racionalización y transparencia del gasto público, con los mecanismos de contraloría, con capacidad de ejercer un debido control, o sea que, si hay exceso tributario, éste pueda ser corregido administrativa o judicialmente.

 

Las Municipalidades, al tazar impuestos, en base a la extensión de terreno utilizado, impedir el libre comercio en su municipio, establecer “zonas para determinadas actividades”, está suprimiendo el derecho de propiedad y estableciendo un tributo, sin relación con la generación de ingresos de los inmuebles, por lo que es un impuesto confiscatorio.

 

Estas Municipalidades, al tazar impuestos que no son recurribles o apelables, por la ausencia de una división real de poderes, violan el principio político del tributo, limitando el derecho de propiedad, en su uso y usufructo. La falta de transparencia en el manejo de los fondos públicos, convierte el impuesto, en una exigencia directa de las necesidades del Gobernante y no, para el sostenimiento de un Estado moderno.

 

El aumento de impuestos en crisis económica, frenará aún más la economía, creando una mayor crisis, de la que ya se vive. El actual proceso económico que establece el Órgano Ejecutivo, es una economía mixta, que inevitablemente llevara a mayor intervencionismo estatal, para corregir los errores económicos, creados por el Gobierno. Ayer fue la regulación sobre la canasta básica y otros servicios, mañana, sobre la contratación y otros derechos.

 

Las ofertas económicas que da el Gobierno, son las financieras, relacionadas con el bitcoin o las micro inversiones electrónicas, mientras el sector informal agoniza, el agro muere, nuestras exportaciones decaen y, las grandes empresas, migran, quedando sus operaciones en El Salvador, muy limitadas y secundarias, en sus esquemas de negocios.

 

El Salvador, está quedando para el salvadoreño, como país estéril, mientras sus Gobernantes tienen dudosas relaciones con el crimen organizado y, estrafalarios gastos.

miércoles, 3 de julio de 2024

SEGREGACIÓN SOCIAL


Por

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

El efecto de la revolución que vive El Salvador, es una segregación social, muy similar al apartheid (separación, en lengua afrikáans), llevada a cabo en Sudáfrica. La segregación en El Salvador, consiste en la paulatina pérdida de derechos ciudadanos, beneficio a extranjeros y, un decrecimiento, en el poder adquisitivo nacional.

 

La clase media, factor integrador y homogeneizador de la sociedad, está en proceso de desaparecer: disminuye su capacidad económica y, los jóvenes profesionales emigran, al no tener, en el entorno nacional, oportunidades para desarrollarse. Los profesionales mayores, son excluidos por su edad o, por ser salvadoreños, trayendo el Gobierno, a extranjeros, para que le sirvan, y se integren a la sociedad y, por ello, se les concede la ciudadanía. Nuestros profesionales han sido formados en las mejores Universidades de Estados Unidos y Europa, para luego dar sus conocimientos en Universidades nacionales, por estas razones, hay una segregación profesional y cultural. Quienes vienen traídos por el Gobierno -rusos, chinos, árabes, venezolanos, estadounidenses y mexicanos, tienen una visión política, distinta a la nuestra.

 

La empresa privada nacional, está siendo víctima de acoso fiscal, ahogándola con nuevos impuestos, disimulados de reglamentaciones nuevas y la presunción de evasión.  Mientras que a las extranjeras, se les ofrecen beneficios fiscales y otras facilidades.

 

El vendedor de la calle, ya no puede vender en su capital, pues la afea y sus ventas, no son del gusto del Gobierno, todo para favorecer las ventas de inversionistas extranjeros; tendencia, que se extiende a las nuevas municipalidades.

 

La vivienda y el alquiler de las mismas, ya no están al alcance del salvadoreño, pues los precios han sido elevados, por los efectos del Bitcoin y del lavado de dinero que ello conlleva. Las políticas monetarias, sólo favorecen ese tipo de actividades, distorsionando el mercado, para que el salvadoreño, ya no puede adquirir su propia tierra nacional.

 

Responsabilizan de la inflación a las remesas y al capital del migrante, pero éstos se gastan en servicios y en equilibrar la balanza de pagos, mientras nuestras exportaciones decaen, por las reglamentaciones gubernamentales, que no permiten la competencia eficaz, en un mundo globalizado. Se crea en nuestro territorio, una isla, inhabitable para el salvadoreño y un paraíso para el extranjero, que finca en la tecnología, su bienestar.

 

El Gobierno, pretende crear un Estado que funcione con tecnología, cuando hay miles de salvadoreños que duermen a la intemperie,  no tienen ni un mendrugo para cenar y mucho menos, podrá tener un dispositivo tecnológico. Los que poseen uno, cada vez tienen que invertir más, en ponerse al día con la tecnología y, con la baja económica, poco a poco serán segregados, quedando sólo el núcleo con el poder adquisitivo suficiente, para poder pagar casa, alimentos y nueva tecnología.

 

Una “tic toker” colombiana, radicada en El Salvador, comenta que en nuestro país, la vivienda y los alimentos, son tan caros como en Miami y para llenar su refrigerador con alimentos para dos personas, necesita entre $ 300.00 y $ 400.00 y, una pequeña salida a comer fuera, le cuesta como mínimo $ 50 por persona. Si esta es el gasto normal de un extranjero en El Salvador ¿cómo queda un salvadoreño con el salario mínimo, sosteniendo a su familia?

 

La economía está siendo destruida, la organización territorial, es nueva, las instituciones, han desaparecido y los derechos del ciudadano, suprimidos, dándose una segregación del salvadoreño. La República ya no existe, por la supresión de los derechos del ciudadano, en beneficio de extranjeros, allegados al Gobierno, hasta crear un gabinete paralelo.

 

El Estado, está segregando al salvadoreño y utilizándolo como el ganado, que debe dar leche y carne, para luego ser desechado, en beneficio de extranjeros.