Publicación Acción

Es necesario expresar libremente el pensamiento político para el fortalecimiento de nuestro sistema democratico, republicano y representativo.



domingo, 20 de octubre de 2019

LA CICIES EN EL SALVADOR



Por      
Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra


La Comisión Internacional Contra la Impunidad en El Salvador (CICIES), anunciada por el Gobierno Salvadoreño, seguirá, según parece,  los lineamientos propios de la OEA y la ONU, siendo que, los objetivos del Gobierno, manejados secretamente, serán los mismos de dichos organismos, siendo  aplicados desde una visión de izquierda y supranacionalmente;  si,  como referencia, tomamos la experiencia de Guatemala - presentada por Bety Marroquin, Geovannii Frattii y los Coroneles Juan José Recinos y José Luis Alvarado Guevara - en evento auspiciado por el Instituto de Derecho Militar, junto con su par guatemalteco.

La libertad nos asegura el ejercicio de la soberanía, plasmada en el Art. 83 Cn., que se manifiesta de dos maneras: en la capacidad de elegir a nuestros gobernantes y en el reconocimiento internacional de nuestra autonomía. Todo nuestro sistema jurídico, político y económico, ha sido resultado de la decisión de nuestros Gobernantes y cuando una institución extranjera interviene, ejerce una presión directa, por la cual terminan siendo moldeadas.

El Derecho Internacional público, al determinar las relaciones de un Estado con una entidad internacional como la ONU, OEA, Unión Europea, etc., lo hace siempre por medio de Relaciones Exteriores, que sirve como un filtro o válvula de regulación, que filtra la intensidad de esa relación, pero cuando no es así, como ha sucedido con la Comisión Internacional Contra la Impunidad, en Guatemala (CICIG), suelen violarse las normativas internas, provocando más injusticias que las que se pretenden combatir.

En muchos casos, la violación del debido proceso y, la autonomía en su gestión, han provocado corrupción en la CICIG, que supuestamente, lucha contra la corrupción. No debemos de olvidar que sin importar la figura que se adopte nacionalmente, siempre es una entidad en relación asimétrica con las nacionales, cuyos funcionarios se relacionan con ella individualmente y no, como con el Estado. En muchos casos, como en Guatemala, la CICIG ha servido para potenciar muchas políticas, no relacionadas con la corrupción, pero que han sido debate entre las ideas liberales y la izquierda.

Nuestra estructura política y económica, han sido el producto del acomodo de las fuerzas liberales con la izquierda, al término de una guerra de más de 10 años y de una lucha constante de 25. Igual circunstancias ha vivido Guatemala, pues esas luchas fueron en el marco de la Guerra Fría. No desaparecieron las fuerzas en conflicto, sólo abandonaron las armas y, si una entidad extranjera, por medio de sus representantes, pretende modificar algunas de las estructuras jurídico-políticas, en favor de tal o cual sentido, volveremos a crear conflictos, no armados, pero sí sociales, que sólo amenazarían más, nuestro ya deteriorado sistema de Gobierno.

El mayor flagelo de una sociedad es la corrupción, que sólo ha sido posible por la ignorancia y supresión de los valores cívicos y familiares, que anularon la formación moral del ciudadano desde su infancia. La formación cívica llevará igual período de tiempo recuperarla, pero no será una CICIES, con su propia agenda política, a fin de la izquierda, la que lo logrará. Parecería que con el pretexto de nuestra incapacidad de gobernarnos o, falta de recursos, nuestras libertades están siendo delegadas a extranjeros.

Nuestra ignorancia cívica, ha permitido que los corruptos lleguen al poder, ocupando los recursos del mismo Estado para mantenerse en el: Saca y Funes son los máximos ejemplos de ello.

Si no podemos cambiar a nuestros políticos, sin un rompimiento constitucional, lo que equivaldría a quemar la casa, para evitar una plaga, sólo nos queda agruparnos y, desde la sociedad civil, organizarnos en una contraloría de la CICIES, vigilando para que se cumplan la Constitución y Leyes de la República.

sábado, 19 de octubre de 2019

ROMPIENDO LA UNIDAD NACIONAL



Por      
Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra


Forjan la unidad nacional: raza, lengua, religión, costumbres, historia y entelequia; la destruyen, la teoría de género, la diversidad de cultos, el indigenismo, el antimilitarismo y la imposición de las “minorías”, favoreciendo este proceso disociador, la “materialidad” de las costumbres, la degradación de los símbolos e historia patria. La consecuencia es la desarticulación del tejido social, el auge del crimen organizado, el descenso en la educación y la corrupción política.

Siglos lleva consolidar la unidad nacional: se logró en El Salvador gracias al mestizaje, el aprendizaje y uso de la lengua castellana y la imposición del culto católico. Nuestro sistema liberal lo adquirimos con nuestra independencia, por esta razón somos democráticos, republicanos y con un sistema económico basado en la libertad. Nuestra entelequia aspira a sobrepasar las barreras que nos fragmentaron en el siglo XIX y constituir de nuevo la República Federal de Centroamérica, para lograr una plena integración nacional.

Las ideas de género y de otras teorías disociadoras, basadas en la lucha de clases, fragmentan la sociedad, pues sus promotores ven a ésta en constante pugna,  creando el dinamismo social revolucionario; debemos comprender que es la unidad fundada en la comprensión de nuestras desigualdades la que permite que el individuo de lo mejor de sí, en integración social armoniosa y respetuosa de cada uno de sus miembros.

El mestizaje surgido en la colonia, permitió asimilar a europeos, americanos judíos, palestinos y chinos, en salvadoreños y aunque conservando cada uno sus raíces, pero sintiéronse  todos salvadoreños e identificados con el destino común nacional. Pretender hoy buscar las identidades étnicas de “indios”, “negros” o “blancos” dentro de nuestra población, para derivar derechos inexistentes, históricos o ficticios, sería romper la unidad nacional y preparar el terreno para una confrontación futura.

Según estadísticas sólo hay 300 parlantes del náhuatl y para ninguno de ellos es la lengua materna ¿Qué lograríamos obligando su enseñanza a los 8,177,346 de salvadoreños? Sólo lograríamos crear poblaciones aisladas dentro de la sociedad salvadoreña, y que cada una se identifique como pipiles, chortis o lencas; ignorantes de la cultura occidental, propiciando un aislacionismo cultural y racial.

Nuestra herencia hispana nos dio cohesión, pues al imponer la religión católica como unificador espiritual, nos relacionó con el 17.7 % de la población mundial (estadísticas 2017). La Iglesia Católica en su activismo político, luego del Concilio Vaticano II (1959) perdió a mucha de su feligresía, que se refugió en el protestantismo y, el fraccionamiento de ésta en una multiplicidad de Iglesias carentes de una teología profunda, no contrarresta la expansión del islam en El Salvador, que por ahora, no genera conflictos en su fe, pero que a la larga generará luchas entre sunitas y chiitas, tal como existe en el medio oriente hoy.

El antimilitarismo quiere cambiar nuestra historia, los hechos pasados son historia y no podemos cambiarla y sólo podemos tratar de no repetirlos, pero para ello tenemos que conocer la historia de una manera científica. La destrucción de la unidad nacional, sólo trae caos y destrucción. Un ejemplo de lo que sucede cuando la unidad nacional se rompe es el actual caos que vive Cataluña (España), luego de 30 años de difusión de la cultura separatista.

Aquí se comienza hoy con la apología del indigenismo y africanismo, los cuales son una realidad histórica, según las estadísticas del Padre Puarros (Guatemala 1814) y del Coronel Teodoro Moreno, Santa Ana 1855) pero son irrelevantes socialmente hoy, amalgamados en una sola raza mestiza, que lleva todos los orígenes de los que han inmigrado a El Salvador.

Es un crimen contra la Nación salvadoreña, fomentar la desunión social, pues sólo traería conflictos sociales.