Por
Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra
Editor de PUBLICACIÓNACCION
El término, “Aldea Potemkin”, se usa para describir una
fachada falsa, destinada para engañar al observador y lograr un objetivo
encubierto. En este momento El Salvador, es una fachada para engañar al
observador nacional y extranjero; dando una impresión muy distinta a la
realidad.
Este engaño es para la conservación del poder, siendo una
condición que sólo lleva al país hacia una catástrofe social. La
responsabilidad de los políticos es mostrar la realidad, por cruda y
desagradable que esta sea, para que el ciudadano, decida entre diferentes soluciones
racionales y no populistas, que permitan la estabilidad nacional y la
integración social.
Las fachadas de esta “Aldea Potemkin” salvadoreña son
cuatro, y cada una de mayor envergadura que la otra. La primera es la
seguridad, centrándose en la prisión de los pandilleros, pero quitado
formalmente los derechos a la totalidad de la población, para someter a unos
pocos y luego, utilizar el Régimen de Excepción, como forma de aceptación de
las políticas públicas, o sea, dar todo el poder al gobernante, para dominar
por la fuerza a un mínimo de la población a la que no se le aplico la fuerza en
la correcta aplicación de la ley.
Una solución al problema de la seguridad, es aplicar los
principios de la Seguridad Republicana, que deja en la Institucionalidad, y el
debido proceso, actuando bajo los principios de la Constitución, la aplicación
de la justicia, manteniendo intactos los derechos constitucionales o garantías individuales,
pero siempre protegiendo a la sociedad, sin que dependa de la voluntad de una
persona.
La segunda fachada, es el bienestar económico, producto de
la “gentrificación”, o sea la renovación
inmobiliaria por estructuras modernas, pero que se sostiene únicamente por
la excepción de impuestos a extranjeros, la utilización de capitales traídos en
criptomonedas, sin el debido control bancario regular, y el uso de mano de obra
de los penales. Esta renovación ha relegado a los usuarios del Centro
Histórico, a zonas periféricas, acentuando los cinturones de pobreza. Si bien
podemos considerar egoístamente que el bienestar del Centro Histórico, es el
bien colectivo sobre el de los particulares afectados, obligaría a la
subsidiariedad o en su defecto, a una mejora del Centro Histórico en
condiciones de igualdad que permita un acomodo gradual y equitativo del
bienestar general.
La tercera fachada, es la construcción de las nuevas obras financiadas
por donaciones chinas: la Biblioteca Nacional y el nuevo Estadio, pues ocultan
tratados secretos que la población desconoce y las obras en sí, no proporcionan
un beneficio directo a la población.
La Biblioteca Nacional, no cumple lo que su nombre indica,
pues es mas un centro de entretenimiento, donde a lo sumo se encuentran obras
populares como Harry Potter y no obras selectas como la colección de Arnold J.
Toynbee o de la generación del 98 y menos aún colecciones de periódicos opositores
satíricos del siglo IXX como La Chispa, que se describía como: “Periódico
independiente con visos de remalcriao, lenguarás, impertinente, claridoso y
resalao.” Y no hablemos de obras técnicas o científicas.
La estructura del nuevo Estadio en el antiguo campus de la Escuela
Militar, es tan grande que para un pleno funcionamiento como entidad deportiva
de multifunciones, terminara absorbiendo las instalaciones adyacentes de FEPADE
y el Campus II de la UniversiddadD r. José Matias Delgado, aprovechando las instalaciones
ya construidas por estas entidades, alegando utilidad pública y en recuperación
de terrenos del Estado, dados a entidades privadas sin fines de lucro, en concesión
de 99 años.
La cuarta fachada es la mas grande: El despliegue de tropas
en Haití. El despliegue inicial fue bajo mandato de Naciones Unidas, pero al
ofrecer al Presidente Trump, las fuerzas salvadoreñas como fuerzas “proxi” de
Estados Unidos en el área, cambia todo el estatus de nuestras tropas, porque si
están bajo “invitación” del Gobierno Haitiano, éste es de facto. Esta noticia
fue publicada por el medio AXIOS. El despliegue de tropas en el extranjero, desde
un estricto punto de vista técnico-militar del país que envía sus fuerzas, es una
fuerza expedicionaria, pero desde el derecho internacional, no se considera así,
pues depende de un mandato de Naciones Unidas o sea de un consenso casi
universal y obedece a reglas que hoy El Salvador se encuentra violando.
Las diferencias están en los propósitos: las acciones bajo
la ONU son estrictamente defensivas y en equidad entre las partes en conflicto,
mientras que, como fuerza expedicionaria o proxi, como las ha ofrecido Bukele,
es ofensiva, favoreciendo a parte, aunque se diga que es de rescate de
nacionales. Estados Unidos ha dado cierta logística para el despliegue de las
tropas salvadoreñas en Haití, pero no ha confirmado que dichas fuerzas serán consideradas
como fuerzas “proxi” estadounidenses, por lo que su mantenimiento,
abastecimiento y responsabilidades serán exclusivamente salvadoreñas.
Diferentes medios digitales mexicanos, dominicanos y
haitianos confirman que en Haití, se vive una guerra civil y la intervención
salvadoreña ha empeorado la situación pues el Gobierno (de facto) pide a la
población que regrese a los lugares de donde los desplasaron, las pandillas
piden a la gente que no regrese y los ciudadanos creen que se les quiere
utilizar como escudos humanos del Gobierno y de las pandillas, una situación
agravada por la presencia de los salvadoreños que ya han entrado en combate.
Por lo que debe de considerarse lo siguiente: 1) Nuevas
Ideas está tratando de consolidarse en Guatemala, Honduras y Costa Rica, con
una vinculación directa con la familia Bukele, en un proyecto centroamericano, 2)
Hay intenciones de duplicar o triplicar las Fuerzas Armadas salvadoreñas como
alternativa laboral para los jóvenes. 3) El Salvador, tiene una Fuerza Armada
preparada para la defensa del territorio, no como Fuerza Expedicionaria de
combate.
Una Fuerza Armada con una capacidad mayor a la planificada fuera
del contexto de los Acuerdos de Paz de 1992, con experiencia de combate, al
mando de una dictadura, y al servicio de una familia con ambiciones expansionistas
centroamericanas, que usa el ideal morazánico como estandarte, puede ser un polo
desestabilizador del área. Centroamérica debe ser unificada como resultado de
los intereses comerciales y políticos de la región, pero no por la fuerza o
intereses familiares.