Publicación Acción

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domingo, 29 de abril de 2018

LOS PROCESOS DEL IDHUCA



Por     
Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra


Los procesos contra los militares, en El Salvador, tienen como escenario principal, el proceso 431-1-2000 (Caso Jesuitas) y como escenarios secundarios, el Mozote y el Calabozo. La relevancia de estos procesos, no radica en los hechos mismos, sino en la aplicación que se hace del Derecho. Debe pues, en consecuencia, analizarse los efectos de estos procesos, en relación con el fin, la naturaleza del procedimiento penal y su objetivo, la justicia.  

Todos los procesos aquí citados, tienen un denominador común: la lucha jurídica por romper el principio de “Cosa Juzgada” y, para lograrlo, han considerado en tiempo presente, los hechos pasados, rompiendo de este modo, el principio básico del juicio: la congruencia de la vigencia de la ley, con la temporalidad del hecho. Dicha desalineación en el juicio, rompe el principio de justicia, el cual es un conjunto de valores esenciales, sobre los cuales deben basarse la sociedad y el Estado; son: el respeto, la equidad, la igualdad y la libertad, aplicados todos, de manera congruente y en razón de su época.

Se han valorado los hechos pasados,  de conformidad con el tiempo presente, rompiendo el principio básico del juicio: la congruencia con la vigencia de la ley. Esa desalineación  es porque se cree que la justicia es universal y es, en aplicación, atemporal y, si  así se cree, ninguna situación jurídica estará en firme, pues criterios posteriores, modificarían los juicios que hoy se están dictando. El Derecho busca la estabilidad y, de allí se deriva la “Cosa Juzgada”.

No podemos aplicar una concepción jurídica nueva, a hechos del pasado ya juzgados. El resultado sería una injusticia; pues la justicia, en sentido formal, es el conjunto de normas codificadas, aplicadas por jueces, conforme a las cuales, el Estado imparte justicia, suprimiendo la acción o inacción, que generó la afectación del bien común. La palabra justicia proviene del latín “iustitia” que significa “justo” y, deriva del vocablo ius, derecho  y no podemos buscar más justicia, fuera del derecho. Y si ocupamos a este, el Derecho, para alterar lo ya establecido judicialmente, realizamos un acto injusto.

Injusticia que podemos apreciar, en la reciente resolución del Tribunal Tercero de Paz de San Salvador,  en relación con el caso Jesuitas,  el cual deja tres cuestiones en claro: el peso jurídico del informe de la Comisión de la Verdad, el concepto de Cosa Juzgada y, la facultad del Tribunal, de llenar un vacío legal, derivado de una omisión legislativa,  pero en cumplimiento de un precepto constitucional. Para lograr esta deformación jurídica,  se ha trabajado previamente en la UCA, el razonamiento jurídico de Jueces y Fiscales, en el que se da, una suerte de patrocinio infiel,  pues primero, se les dice cómo deben  juzgar y acusar, luego, como querellantes, se les pide que materialicen las acusaciones planteadas académicamente  y luego, condenen.

La academia debe  ser ciega: dar los conocimientos de manera genérica, para su libre aplicación, al igual que la ley, la cual debe de ser general e impersonal, de lo contrario, dejaría de ser academia y se convertiría en un activista político.

Todos los militares hoy juzgados, actuaron bajo el Derecho y las circunstancias de su época. No se juzgan de la misma manera, los crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra de la comandancia de la insurgencia: se les considera crímenes justos y  la represión legal, de dichos actos, es hoy un acto injusto,  que debe de ser castigado, según el IDHUCA. Si la Fuerza Armada no hubiese actuado conforme a la Constitución de 1962 y la doctrina militar vigente, hubiese sido procesada por actos de traición a la patria.

sábado, 28 de abril de 2018

LA FRUSTRACIÓN DE JOSE MARÍA TOJEIRA



Por     
Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra


José María Tojeira expresa, en un extenso artículo, sus opiniones sobre la elección interna de ARENA: hace muy notorias las fortunas personales de ambos candidatos y concluye, que el fin que persiguen, es su mayor enriquecimiento personal. Su disgusto, tan enfáticamente expresado, tiene base en los deseos políticos, por los que la UCA ha trabajado durante muchos años; Tojeira ha sido representante de dicha universidad  y, por consiguiente, afea y rechaza todo acto o suceso que pudiese frustrar sus anhelos. Es natural que este político no pueda considerar  los desaciertos de la UCA.

Desde mediados de los años 70´s la UCA ha cometido tres grandes errores conceptuales: Primero, creer que la izquierda, es la solución a nuestros males sociales; segundo, creer que por medio de la conspiración política, basada en la preparación académica, se generará el cambio social por ellos deseado y  tercero, creer en la teología de la liberación como  visión correcta del cristianismo y que en ella se fundirán la conspiración,  la política y la religión.

Esta ha sido la teoría, pero veamos la práctica: en la UCA, se instruyó a  la mayoría de los militares que dieron el golpe del 15 de octubre de 1979; y fue allí también, en donde instruían ideológicamente,  a miembros de la insurgencia, pretendiendo manipular separadamente, aquellas dos fuerzas, lo cual permitió que fuera promovido  Ramón Mayorga Quirós como miembro de la primera Junta Revolucionaria de Gobierno; puede afirmarse pues, que la UCA fue Gobierno entre  el 15 de octubre  y el 28 de diciembre de 1979 y que perdió el poder, porque trató de desestabilizar a la Junta, para que los insurgentes ingresaran, en substitución de la Guardia Nacional, la Policía de Hacienda y la Policía Nacional, además que se removiesen de sus cargos, a todos los militares con rango de coronel o superior, pero la Democracia Cristiana entró en el juego, echando a perder todos sus proyectos.

Uno de los efectos menos visibles de dicho  Gobierno, fue el descontento con las políticas del Gobierno de Sudáfrica, que desemboco en el secuestro de su embajador en El Salvador, Archibald Gardner Dunn y el inmediato rompimiento de relaciones diplomáticas con su país,  para procurar desligarse de las obligaciones del Estado de El Salvador y, potenciar la imagen internacional de las FPL.

Durante todo el conflicto armado, fue claro el apoyo político de la UCA a la izquierda, muy particularmente en noviembre de 1989. Puede observarse que los procesos que se llevan contra militares en El Salvador, todos promovidos por la UCA, son contra la juventud militar de 1979, pretendiendo ocultar los errores políticos mediante la anulación de la credibilidad de los involucrados que pueden afirmar la participación política conspirativa en la que intervino la UCA.


La presión ejercida sobre Monseñor Romero y otros sacerdotes para promover la lucha social como expresión revolucionaria del cristianismo, sólo favoreció la expansión del evangelismo en El Salvador,  pues el cristiano común no busca ser mártir de la revolución, solo  quiere un consuelo diario en su fe cristiana. Ahora la UCA conspira contra sus antiguos protegidos, las FPL y favorece otras fuerzas.

En sus comentarios contra ARENA, José María Tojeira sólo expresa la frustración de más de cuarenta  años de políticas  y conspiraciones fallidas y la existencia de personas que creen que la libre empresa es la visión correcta de la sociedad, pues sólo en  libertad, puede crearse la legítima riqueza que en su accionar, favorece a individuos, grupos y a la población en general. Las conspiraciones fallidas de la UCA y la ira de José María Tojeira son prueba de su error en la apreciación social y religiosa.