Publicación Acción

Es necesario expresar libremente el pensamiento político para el fortalecimiento de nuestro sistema democratico, republicano y representativo.



miércoles, 28 de octubre de 2020

DECONSTRUCCIÓN

 


Por      

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

Pregonan los troles de Nayib Bukele: “Cambiemos la Constitución de 1983, la de d’Aubuisson. Una nueva Constitución para El Salvador”. Este fin de semana pasado, también se decía en Chile: “Cambiemos la Constitución de 1980, la de Pinochet. Una nueva Constitución para Chile”. Esta similitud de petición, no obedece a un plagio o imitación política, sino a la comunidad de estrategia y táctica, propia de los grupos revolucionarios estructurados de forma molecular disipada, que procuran alcanzar sus metas de concentración de poder, mediante la deconstrucción.

 

El concepto de deconstrucción, es filosófico, derivado de las concepciones de la intelectualidad francesa de 1968 y que, propone mediante el cambio de semántica, un cambio en el mundo político, que desarrolla de manera práctica, la concepción del marxista italiano Antonio Gramsci (1891-1937). Sus efectos se ven hoy en Chile, con el cambio de su Constitución; en España, en la tendencia anti monárquica y, la exacerbación de las autonomías, en Estados Unidos, como un detonante de los problemas naturales de dicho país y que, ha dado pie, a los ANTIFAS, etc.

 

Ese cambio semántico, operado durante 50 años, ha ido erosionando, en su aplicación y significado, los valores tradicionales liberales, forjados en nuestros años de formación como nación y, cuyo primer efecto, es creer que la izquierda y la derecha, se han acercado hasta confundirse y que, la lucha geopolítica, ha terminado. Como segundo efecto, se ha dado un relajamiento de la cultura cívica, hasta creer que el sistema, no puede cambiarse con sus mecanismos democráticos y, que son necesarios otros, para salir del subdesarrollo. Un tercer efecto, es confundir las libertades individuales con el libertinaje y, pensar que sólo el Gobierno, puede velar por el conglomerado social; cuarto efecto, es pensar que la lucha política en sí, es sucia, mala y exclusiva de quienes tienen capacidad de engañar y sostenerse, mediante el populismo.

 

Los troles de Bukele emplean hoy, el concepto “Poder Popular”, para referirse a la soberanía o al poder de ésta derivado, pero el concepto fue tesis del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) en Chile, que sustentaba: ser forma de democracia obrera directa, alejándose de los fundamentos, del poder parlamentario soberano burgués. Hoy, el Vicepresidente Félix Ulloa, emplea el concepto: introducir las formas de democracia participativa directa. No manifiesta que, dichas formas, están relacionadas directamente, con los movimientos de izquierda latinoamericana y buscan la dictadura.

 

Hoy Bukele, con su movimiento Nuevas Ideas, repite la estrategia del movimiento molecular, en el cual, él es, la única figura relevante y, su vicepresidente desarrolla los mismos conceptos de la izquierda sudamericana. Sólo la denuncia de sus latrocinios y tiranía en el interior y, en el exterior, el peligro que representa para la región, la emigración que está forzando, pueden detenerlo. En lo interno, los opositores deberán una ideología clara como guía, que en muchos casos, los candidatos ignoran, como se prueba con los diputados disidentes de ARENA.

 

La deconstrucción, al ser un concepto filosófico, que se aplica a los casos concretos, pasa inadvertida, en la política diaria y, confunde las posiciones ideológicas de los partidos políticos que tienen, como objetivo el triunfo electoral,  basta así, que se muestre cierto grado de conciliación ideológica, para lograr el voto indeciso y, se cae en la trampa de la deconstrucción. La aplicación práctica de ese cambio semántico, se ha visto en las acciones del Gobierno, durante la pandemia, tergiversando, los conceptos de persona humana y sus derechos.

 

La unidad nacional, en derredor de la actual Constitución y, en aras de defensa del sistema democrático, asegurarán que Bukele, no arraigue como dictador.

 

 

domingo, 25 de octubre de 2020

CRISIS Y ESPECULACIÓN

 


Por      

Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra

Editor de PUBLICACIÓN ACCION 

 

La alarma en el extranjero, de los tenedores de bonos salvadoreños, es cada vez, más patente:  se ha presentado un presupuesto, que deberá ser sostenido con deuda, porque sobrepasa las capacidades de sustentabilidad nacional. La amenaza de un default, incesante lucha política, que utiliza la fuerza del Estado, contra sus opositores; una economía irrecuperable, amenazada con más restricciones por lo cual, la cooperación internacional, se anticipa a ofrecer un subsidio al corredor seco, para que sus habitantes, no mueran de hambre, evitando emigración descontrolada. Todo esto, es preludio, de la quiebra del país.

 

La preocupación del banco de inversión norteamericano Stifel Financial Corp., sobre la solidez de los bonos salvadoreños, ya está manifestándose en los tenedores de dichos bonos: éstos han sido cotizados y liquidados, a un precio menor, generando tendencia a la baja, lo cual, no representa  alarma  para el ciudadano común, pero cuyas consecuencias sufrirá, tarde o temprano ( alza en los intereses, dificultad crediticia, encarecimiento de bienes y servicios, mayor carga impositiva y, decrecimiento de la economía). Es de notar, la preocupación de los capitales legítimos, que están liquidando de sus carteras, los bonos salvadoreños y, permitiendo el ingreso de capital dudoso, de origen sudamericano, lo cual podría tomarse como una maniobra especulativa y, reflejo de la condición presente del país.

 

Como antecedente del presente Gobierno tenemos que, Nayib Bukele, siendo alcalde de Nuevo Cuscatlán, aumentó su deuda de 989 mil dólares a 4.1 millones, en San Salvador, pasó de 34.1 millones a 79.3 millones, ambos en un períodos de tres años de Gobierno y, sin que los ingresos mejoraran o, los gastos sirviesen efectivamente, a los municipios; hoy, la deuda pública del país, ha crecido en 16 meses, de 18,000.9 millones a 22,084 millones, lo que amenaza con el default, devaluación o impuestos confiscatorios, si no encuentra un financiamiento externo que seguramente, será de dudosa procedencia o, por intereses geopolíticos, que nos impondrán condiciones más duras, de las que hoy tenemos o, podemos llegar a considerar.

 

No pagar el FODES a las Alcaldías, es el principio del default, que puede extenderse a otras carteras del Estado según sean, los intereses políticos del Gobierno, para controlar el sistema democrático, suponiendo que el Gobierno, posea aún, los fondos para terminar el año; de lo contrario, sería que  la lucha política, está encubriendo la malversación del Presupuesto General de la Nación, lo cual puede conducir, al  pago de empleados públicos en colones, permitido por el bimonetarismo, y que daría el control de los dólares al Gobierno y, devaluando el colon, a razón de 25 por dólar y no, en el marco actual de 8.75, esto, según cálculos de algunos economistas.

 

En cualquier caso, el aumento del IVA al 15% o 17% más, la creación del impuesto predial para compensar el FODES y, un impuesto al patrimonio, para equilibrar el presupuesto, impedirían cualquier recuperación económica. Si ahora, han quebrado 3400 empresas y, el desempleo ha subido en 110,000, no sería posible la recuperación económica para el 2023, pues sería nula, la capacidad de competencia. Todo desempleado, busca la supervivencia en el sector informal de servicios, pero necesita de la liquidez que le dan, el formal, exportaciones y remesas.

 

La catástrofe económica causada por el mal manejo de la pandemia, sólo podrá ser evitada si Nayib Bukele, no logra el dominio de la próxima Asamblea Legislativa y, si las entidades cívicas y gremiales, ejercen suficiente presión política sobre el Gobierno, para mostrar internacionalmente, la falta de legitimidad en las acciones del mismo y, el deseo de conservar la estabilidad nacional, para la permanencia en el país, de todos los salvadoreños.