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domingo, 3 de noviembre de 2019

NEO-COMUNISMO



Por      
Lic. Fernán Camilo Álvarez Consuegra
E

Los actuales sucesos de Chile, Ecuador, Bolivia y Argentina han planteado que la existencia del neo-comunismo es una realidad y aunque la mayoría de la Derecha la niegue, conviene analizar sus futuros efectos para el país.

Francis Fukuyama plantea en su obra “El fin de la historia y el último hombre”, que la historia, como lucha de ideología ha terminado, que sólo queda un mundo basado en una democracia liberal, impuesta tras el fin de la Guerra Fría. En la realidad, vemos que esto no es verdad, pues mundialmente, cada organización, si bien ha dejado las armas, ha persistido en sus pretensiones políticas. Sucedió así, porque el colapso provino de la carencia de recursos, originada por lo inaplicable de una ideología en su praxis; fue un colapso que, al no afectar su estructura ideológica, tampoco lo hizo en sus metas.

En plática del Español Fernando Sabater, de COVITE (Colectivo Victimas del Terrorismo), al analizar las  actuales pretensiones de  ETA en España, concluye que han dejado las armas, pero no han cambiado sus objetivos políticos, concluyendo que “Si ETA consigue sus objetivos políticos, habrá ganado. No, militarmente, pero sí, políticamente”. Al parecer nuestra realidad es similar.

Por lo cual, hay que medir el grado de volatilidad insurreccional a futuro, considerando que no es posible el sostenimiento de grupos armados, en lucha continuada,  por la carencia de recursos, pero sí es posible en su capacidad de desestabilización, para lograr ciertos objetivos de plazo político inmediato, pues por pequeña que sea, la desestabilización, tendrá repercusiones económicas  que serán de muy largo plazo.

El primer requisito es la existencia de liderazgo revolucionario, el cual sí existe, pero dividido y en pugna: Bukele y la cúpula del FMLN. Bukele posee la mayoría o masa insurreccional y, la cúpula, la capacidad táctica y operacional; Bukele domina en su capacidad estratégica, pero le falta capacidad y cohesión operacional. Los objetivos ideológicos son comunes en ambas fuerzas, pero miden sus acciones entre sí, pues pueden llegar a consolidar al contrario con sus acciones.

La desestabilización puede recaer sobre la Asamblea Legislativa: es el único polo político del FMLN, pues en los Consejos Municipales no ejerce su influencia ideológica y el retiro de la legación venezolana, puede obligar al FMLN a retomar la iniciativa política.

Si se diese una desestabilización en la Asamblea Legislativa, desconociendo a su Presidente, remoción violenta o negándole el dinero desde hacienda, podríamos ver una respuesta limitada de sindicatos y las organizaciones dependientes del FMLN, pero no serían generalizadas ni sostenidas,  habría una válvula de escape al llamar a una Constituyente o a nuevas elecciones:  habría una nueva discusión sobre los valores de izquierda que debería adoptar la Constitución, lo que permitiría una “avance político”, en aplicación de principios progresistas que ya están en el ambiente: derecho al aborto, confiscación de los dineros de las AFP o más prohibiciones hacia la iniciativa privada, aún propiciadas por ARENA.

Muchos niegan la posibilidad de un rompimiento constitucional, por “no es posible”, “la Constitución está sobre cualquier otra ley” o “no se atreverá”, pero esas son apreciaciones nacidas del mundo del “deber ser”, que nos señala una forma ideal de la norma, pero desde el punto de vista del “ser”, o sea desde la antropología, si es posible, pues las últimas veces que sucedieron fueron en 1979 y el 1992, para el golpe del quince de octubre y para adecuarla a las exigencias del FMLN, creando una serie de ficciones. En ambos casos fue rota la Constitución, justificándose su cambio.

La Derecha está pasiva ante estos acontecimientos, dejándose llevar por estos dos contendientes, según sean los intereses de sus políticos.

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